Al libro, nuestro mejor amigo

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Dice el refrán que el mejor amigo del hombre es el perro. Seguramente para muchas personas será asi pero para otras como los escritores y los empedernidos lectores asiduos, es sin duda el LIBRO, en mayúsculas, el mejor compañero o amigo del hombre... y de la mujer, claro está. El libro es callado, no protesta pero instruye, enseña y deleita. Forma la mente y el espí­ritu, crea opinión y culturiza hasta el extremo de hacer a los usuarios, seres con personalidad propia. Mucho se habla acerca de los niveles de lectura. No voy a entrar en debates aunque me parece que se lee menos que en otros paises. No obstante, se realizan esfuerzos dignos de reconocomiento mediante iniciativas destinadas a crear hábito de lectura y amor por los libros. El ejemplo más cercano y llamativo ha sido y es para estar de enhorabuena, para felicitar y felicitarnos todos mutuamente porque no es para menos. Cabe agradecer al Instituto La Asunción de Elche (Alicante)y a su responsable bibliotecario, el profesor José Marí­a Asencio; el logro de hacer leer e inculcar el amor a los libros a unos 180 alumnos sin obligarles. La noticia demuestra que el programa iniciado hace seis años, ha dado sus frutos. Tal vez algunos piensen que para tantos años deberí­an ser cientos los estudiantes rehabilitados a la lectura, pero si tenemos en cuenta lo dí­ficil que resulta para padres y educadores conseguir que coja un libro un jóven, el resultado es un éxito plagado de paciencia, tiempo, esfuerzo y constancia. En una sociedad excesiva y exageradamente consumista y materialista, en la que existe crisis de valores y de principios desde la base familiar llegando a la impotencia de profesores, donde priman placeres tecnológicos tales como videojuegos; el jóven, entre otros factores, ha perdido considerablemente el afán por la lectura, por la literatura y hasta por el estudio. Por ello, nuestro í­ndice de fracaso escolar es elavadí­simo y preocupante. La lectura, bien en la enseñanza o bien individual como afición o pasatiempo, es un handicap a vencer y un objetivo del sistema educativo que causa quebraderos de cabeza a profesores, autoridades y no a todos los padres. Y hablando de padres, no todos inculcan a sus hijos el gusto por la lectura ni les compran libros ni les aconsejan que lean. Asimismo no todas las familias leen mí­nimamente ni en sus hogares tienen suficientes libros. Y si los tienen, duermen en las estanterí­as como objetos de adorno. También existe un porcentaje de padres preocupados, que sí­ compran libros e incluso hacen, aunque sea a regañadientes, que sus hijos lean. Otro porcentaje de jóvenes no leen porque consideran caros los libros. Lo son -sobre todo los de la enseñanza-, aunque eso no es óbice para practicar la lectura gratuita en bibliotecas. Pero por mucho que los padres preocupados y los educadores insistan, la mayorí­a de jóvenes no coge un libro, tan solo los de clase porque no hay más remedio. Así­ pues, es necesario que programas de fomento de la lectura como el del INB La Asunción, se apliquen rigurosamente en institutos, colegios y academias de todo el Estado Español. Hasta en el sistema universitario, en el que se dieron casos de algunos alumnos que escribieron en éxamenes Barcelona con V y soltaron la parida aquella de que Isabel y Fernando fueron concursantes del "Gran Hermano" en vez de los Reyes Católicos. El libro no consume, no protesta, no incordia, no gasta. Instruye, entretiene, enseña y divierte. Hace reir y llorar. Provoca pasiones. Aporta ideas y sentimientos. Culturiza, forma y humaniza. Enriquece haciéndonos sensibles y mejores personas. Todo libro, por pésimo que sea, tiene algo bueno, aprovechable e instructivo. Y fí­jense lo que trae la falta de lectura: fallos de ortografí­a e incultura general. Tení­a razón Lolo Rico de Alba en su entrañable y didáctico-pedagógico programa "La Bola de Cristal" en el que se nos repetí­a: "si no quieres ser un borrico, ¡¡lee !!" Asi pues, leed. ¡Leed! ¡Embriagaos de literatura, de periodismo, de narrativa o de poesí­a, como dijo Baudelaire! Que la lectura os acompañe... Por Josep Esteve Rico Sogorb


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